EL IMPACTO DE LA TECNOLOGÍA
La Encrucijada Educativa: Tecnología y Humanidad en Balance
Autor:Héctor Muela Luque (1º Bachillerato B).
“La inteligencia es fundamental para lo que significa ser humano. Todo lo que la civilización tiene para ofrecer, es producto de la inteligencia humana.” - Stephen Hawking.
El ADN transmite los planos de la vida entre generaciones. Formas de vida cada vez más complejas captan información mediante sensores como ojos y oídos y la procesan en cerebros u otros sistemas para descubrir cómo reaccionar y luego actuar sobre el mundo, generando información para los músculos, por ejemplo. En algún momento, durante nuestros 13.800 millones de años de historia cósmica, algo hermoso sucedió. Este procesamiento de información devino tan inteligente que las formas de vida llegaron a ser conscientes. El universo ha despertado y ha tomado conciencia de sí mismo. Es un triunfo que nosotros, que somos polvo de estrellas, hayamos llegado a un nivel tan detallado de comprensión del universo en el que vivimos.
Y ahora, nosotros emergemos como nuevos creadores. Pero, ¿qué repercusiones tiene esto?
Nos hallamos en una época tecnológica, donde la digitalización ha alterado todos los dominios de nuestra existencia. En particular, la educación es uno de los sectores más afectados por la revolución de las pantallas, que ofrece nuevas oportunidades y desafíos para el aprendizaje. Sin embargo, ¿qué ventajas y riesgos conlleva?
“La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo.” - Alan Kay, informático estadounidense.
La implementación de la tecnología en la educación puede ser el factor determinante para lograr el progreso de la especie humana. Si bien estamos en una época de cambios acelerados en la sociedad y un período convulso a nivel internacional, hemos de tomar como referencia el extraordinario progreso que hemos alcanzado en tan sólo unas pocas décadas, y lo que nos queda por conseguir si gestionamos de forma adecuada la tecnología para que sirva a nuestros intereses, y no seamos nosotros sirvientas de ella. Pues la era de la digitalización, aún en ascuas, no es sólo la clave para el progreso humano, sino que es necesario para que este sea posible.
Pero, para ello, es vital la figura de una institución educativa fuerte, estable, altamente eficiente y capaz, que nos permita evolucionar como sociedad en conjunto, para aproximarnos a metas mucho mayores, y es que el potencial humano no tiene límites. Ya lo decía Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo.”
Pensemos en nuestra relación desde pequeños con los coches u otros vehículos. Probablemente, tras tantos años viendo a nuestra familia y entorno conducir, sabríamos nosotros hacer lo propio, al menos con los coches autónomos que cada vez son más populares. Sin embargo, ¿para qué vamos a una autoescuela? Para aprender a dominarlo, para controlar el vehículo y supeditarlo a nuestros intereses. Lo mismo debe ser aplicado con la tecnología en la educación. Probablemente sepamos utilizarla con el contacto humano a nuestro alrededor, pero es en los centros educativos donde deberíamos realmente hacernos dueños conscientes y soberanos de ese potencial infinito del conocimiento almacenado en la tecnología.
Aún así, no podemos olvidarnos de que es el ser humano el que lo lleva a cabo. Es vital que desarrollemos en las generaciones más jóvenes los valores intrínsecamente humanos que nos van a diferenciar de estas tecnologías emergentes. Necesitamos destrezas. Y es que, sin pensamiento crítico, esa habilidad de dudar hacia todo y sentir curiosidad por lo que está por construir, trabajo en equipo, creatividad y libertad de decisión, seguiremos encerrados en la misma realidad sin posibilidad de mejora. Siempre vamos a estar en desventaja con una máquina en cuanto a procesamiento y gestión de datos. Reinventemos la educación para centrarla en esas habilidades en las que nunca nada ni nadie nos podrá sustituir.
En un viaje cósmico de 13.800 millones de años, la inteligencia emergió como un logro asombroso. Aquí, como nuevos creadores, la implementación de la tecnología en la educación se presenta como el catalizador del progreso humano. Sin embargo, la clave radica en la gestión adecuada de esta herramienta.
Pese a ello, los datos son desalentadores. El ranking de las tres aplicaciones más utilizadas lo lideran YouTube, Instagram y TikTok, entretenimiento puro. La tecnología genera distracciones, dependencia o adicción, que afectan al rendimiento y la motivación de los estudiantes. Y es cierto que esta fuente de entretenimiento y ocio puede desviar la atención de los estudiantes de sus tareas académicas, sin embargo, esto no es culpa de la tecnología, sino de la falta de educación y de regulación de su uso.
Para aspirar al progreso humano y desarrollo más allá de nuestros límites, hemos de confiar en esas habilidades intrínsecamente humanas como son la curiosidad, crítica o creatividad, que caen en el olvido con el auge de la tecnología en todos los ámbitos de la vida, y que hacen peligrar el avance de nuestra especie cuando los niños nacen, crecen y se forman alrededor de pantallas que les hacen la vida más fácil, sin la necesidad de que ellos se expongan nunca a esfuerzo intelectual o personal que contribuya en su desarrollo.
Hemos de pensar que, cuando a un niño le damos una pantalla a tan corta edad, sea para pasar el tiempo, para entretenerse, o, sencillamente, para que deje de llorar, estamos limitando su futuro interés hacia el conocimiento. Definimos su futura inclinación a la cultura. Inducimos en los niños la idea de que la tecnología es un medio para el disfrute, para el placer, para el juego, para pasarlo bien. Y cuando llega el momento de que a nivel educativo tengan que utilizar esa misma tecnología como un medio para llevar a cabo una tarea tediosa o no tan atractiva, como puede ser inicialmente la educación, no van a poder. Indudablemente, si durante toda su infancia un niño concibe la tecnología como una fuente de placer y entretenimiento, y de repente le eliminamos esa función para implantarle la de fuente de conocimiento, se van a rebelar ante ello. La tecnología es un siervo útil, pero un amo peligroso.
La búsqueda del hedonismo conduce al egoísmo. Ese niño va a buscar inconscientemente ese disfrute tecnológico, esos estímulos con los que ha crecido acostumbrado, durante toda su vida. Asocia tecnología no con trabajo, sino con distracción y diversión, lo que conlleva que no busque el progreso, que no aporte a la sociedad, y que, con las generaciones que empiezan a hacer notar esos efectos, la especie humana no avance.
La tecnología es el futuro, pero depende de nosotros hacer que sea un futuro mejor. Bien lo saben Steve Jobs, Bill Gates y Tim Cook, que limitan desde una temprana edad la gestión de sus hijos hacia las pantallas. Hoy, según Common Sense Media, el 98% de los hogares con hijos en EEUU tienen teléfonos móviles, frente a un 52% en 2011. Cuando la tecnología se ha generalizado, el problema es el contrario: que las familias con un elevado poder adquisitivo tienen más fácil impedir que sus niños se pasen el día ante el móvil. Mientras los hijos de las élites de Silicon Valley se crían entre pizarras y juguetes de madera, los de las clases bajas y medias crecen pegados a pantallas. ¿Qué será lo que estos ejecutivos tecnológicos ricos saben acerca de sus propios productos que sus consumidores desconocen?
“El verdadero peligro no es que los ordenadores empiecen a pensar como hombres, sino que los hombres empiecen a pensar como los ordenadores.”
¿Hasta qué punto es posible y viable el cambio para permitir el progreso tecnológico en las aulas, cuando fuera de ellas no es correctamente gestionado? Vivimos en la sociedad de la adicción, y hasta que esto no sea remediado, la discusión teórica acerca de la tecnología y la educación son meras palabras al viento.
Sabemos que la tecnología ha venido para quedarse. Y si no, pensemos en la cuarentena y la pandemia mundial del COVID-19. Si no hubiera sido por esas pantallas, en España hubiéramos estado tres meses sin contacto con nuestro proceso educativo y su consecuente recesión intelectual. Pero aprendimos a gestionarlas de la manera adecuada. La tecnología debe estar al servicio de la educación, y no al revés.
Es por ello, que en este equilibrio delicado entre lo humano y lo tecnológico, la clave es la gestión consciente. La tecnología es una herramienta poderosa y valiosa para la educación, pero que no debe sustituir ni desplazar al factor humano, sino complementarlo y potenciarlo. El progreso tecnológico en las aulas debe ir de la mano con el fomento de habilidades humanas esenciales. La tecnología no es simplemente la clave para el progreso humano; es nuestra aliada en la búsqueda de un futuro donde la inteligencia y la humanidad coexistan armónicamente. Sólo gracias a esta síntesis de contacto humano y apoyo tecnológico, alcanzaremos este círculo virtuoso del progreso de crecimiento exponencial. Enfrentemos el desconocido no como criaturas del pasado, sino como arquitectos de un mañana donde la tecnología y la humanidad converjan en una danza sinérgica.